lunes, 21 de junio de 2010

REVOLVER...23º CAPITULO



Lea caminaba a paso lento pero firme, muchos años pasaron ya desde que la encontró y siempre la llevó por los caminos imposibles de andar a pie por la distancia.
A cada paso que daba un pequeño relincho acompañaba al esfuerzo en la subida. La nieve dificultaba aún más el trayecto. Unas huellas al costado del sendero hicieron que Elizabeth apurara el andar de la yegua. Unos lobos habían pasado hace poco por ahí. Automáticamente se cercioró que su revolver estuviera cargado y listo en caso de tener que usarlo.
Cada vez mas nerviosa Lea, ya sin querer avanzar, delante de ellas estaban cuatro lobos cortándoles el camino, conociendo la inteligencia de ellos, mira atrás de ella y hacia los costados temiendo un ataque sorpresa. En el mismo instante de hacerlo, un lobo se acercaba sigilosamente por detrás, en un solo movimiento, saca su enorme revolver de la funda y efectúa un solo disparo dándole de lleno en al cabeza.
Esa distracción esperaba el resto. Al mismo tiempo atacaron los tres juntos. Elizabeth pensó que no debía errar ningún disparo, solo contaba con seis balas en el tambor del arma y le llevaba tiempo recargarla, sabiendo que sería su fin si perdía un segundo en hacerlo.
Lea les hizo frente para que su dueña no quedara expuesta al ataque. Un lobo salto al cuello de la yegua mientras se sacudía para quitárselo de encima, a todo esto el resto intentaban buscar el costado para saltar sobre la mujer.
El primero que se acerco demasiado hasta ella, recibió un disparo en su lomo, quedando tirado en el suelo retorciéndose de dolor, imposibilitado de levantarse, la bala incrustada en su columna marcaba su muerte.
Por el rabillo del ojo ve como el lobo que quedaba se arroja hacia ella, instintivamente se tiró de la montura hacia el otro lado, cayendo pesadamente al suelo. El revólver voló lejos de su mano a un par de metros de distancia amartillado, listo para usar.
El lobo pasó por debajo de la yegua que sangraba profusamente del cuello. Mostrando todos sus dientes, sediento de sangre, el lobo se acercaba más a Elizabeth. Retrocediendo, alejándose mas aún del arma, quedo su espalda contra un árbol, sin posibilidad de moverse.
En el mismo instante que presiente que el lobo salta sobre ella, rueda por el costado en busca de su revólver, en el mismo instante el lobo choca contra el árbol. Quedando perplejo por el escape de su presa, acostumbrado a que queden paralizados por el terror al verse acorralados.
El arma estaba ya en su mano, primero dispara sobre el que mordía a Lea que intentaba defenderse con sus patas delanteras, pero ya sin fuerzas, un charco de sangre tapizaba el suelo debajo de ella. Al darse vuelta, aun sentada sobre un colchón de agujas de pino, el lobo ya estaba en el aire sobre ella, solo atino a protegerse con el brazo, que fue el lugar en donde se clavaron los dientes del animal. Mientras forcejeaban el temblor de su mano derecha impedía apuntar bien a pesar que la cabeza de la bestia estaba a menos de un suspiro de su cara, sentía su aliento fétido, lo golpea en el hocico con la culata, al gruñir de dolor suelta un momento el brazo, es lo que esperaba ella, con las dos manos temblando de dolor y miedo, dispara, el fogonazo tan cerca de ella la deja un momento aturdida.
Muertos los lobos, puede observar sus heridas, aunque los cortes no eran profundos el dolor muscular era grande, ya que sacudió fuertemente su brazo intentando desprenderse de la mordida.
Su yegua se encontraba acostada en el suelo, relinchando de dolor, tan grandes eran sus heridas que veía en sus ojos el dolor. Al acariciarle el hocico ensangrentado se calma, pero los movimientos de sus patas por el dolor no cesaron. Sabiendo lo que debía hacer, comienza a llorar suavemente, un lamento casi sin lágrimas. Se abraza a ella recordando todo lo que disfrutaron juntas en cada salida que realizaban. Con un suspiro la acaricia por última vez y dispara dos veces. El eco de los disparos se esfuman en el bosque.

INCERTIDUMBRE...24º CAPITULO



Miraba las escaleras que la llevarían a una nueva vida. Muchos escalones, veinte en total, uno por cada año de su vida.
Mientras observaba la entrada atentamente, los estudiantes iban y venían por todo el lugar. Lo que le gustaba era la vista al mar que tenía. Con la cámara fotográfica que el había dado su madre, registraba todo a su paso. Un suspiro sube desde su pecho al recordarla. La suavidad de sus manos y verla peinar su largo pelo en las mañanas, eran imágenes grabadas en su mente.
Luego de mirar las enormes columnas de entrada del edificio, decide comenzar de una buena vez con su vida. Las mesas de información y registro estaban llenas de alumnos deseosos y temerosos de empezar las clases. Un murmullo, un susurro que producían los alumnos con sus peguntas y charlas la estremecen, recordándole el sonido del bosque. El ruido se iba apagando mientras estos ingresaban en sus aulas. Un joven, parado ante la puerta de la rectoría le hace señas para que se acerque. Con una sonrisa tranquiliza los nervios de marina, al entrar en la enorme habitación puede ver en la pared detrás del hombre canoso, que se encontraba sentado ante un montón de papeles sobre el escritorio, un escudo, que tenia una flama dorada y unas palabras, Regio Patria Nostra.
Es un regalo que me hicieron mis camaradas, cuando pertenecía a la Legión Extranjera, antes que ellos partieran al desierto, yo era su instructor.
A todo esto, Marina solo podía observar fascinada el cuarto, infinidad de objetos antiguos adornaban las paredes y el piso. Pinturas de soldados, banderas viejas y rotas, que evidentemente estuvieron en batalla. Varios sables en unas vitrinas con sus nombres. Un sable le llamo la atención y se acerco hasta el. La hoja curva estaba apenas enrojecida, como herrumbrada. No pudo evitar acariciar la hoja aun con filo. Unas palabras en otro idioma que no conocía estaban escritas en la hoja donde se unía con la empuñadura.
El rector se levanta de su asiento, con una pequeña satisfacción por tener que dejar los papeles un momento.
Es un alfanje, la espada casi de los hombres del desierto, esta es muy especial para mí, el color rojizo que le ha llamado la atención, es sangre. La sangre del enemigo no se limpiaba luego de la batalla, como símbolo de los grandes guerreros y para demostrar a los demás que no había cobardía en ellos. Las palabras grabadas en su hoja, significa, “extranjero eres nuestro amigo”.
Luego de volver la espada en su lugar, con un ademán la invita a sentarse delante de el. La beca que se le ha otorgado, es un gran honor merecerla, espero que usted se de cuenta del valor que esto significa.
Durante muchos años hemos observado a distintos alumnos al cual se le ofrece esta distinción. Esto estimula a los estudiantes destacados, para que estudien más cómodos y tranquilos. A la universidad les es muy conveniente esto, ya que muchos becados egresados de aquí, son personas reconocidas en el mundo.
Marina escuchaba atentamente cada palabra del hombre casi no podía creer su suerte. Pensaba buscar trabajo para poder costear el estudio, ahora se dedicaría a estudiar.
Mientras salía de la rectoría acariciaba su medallón, que nunca se había sacado y que siempre la acompañaba.
El rector miraba por la ventana con una sonrisa, en un dedo de su mano izquierda tenía puesto un anillo, se podía observar un emblema muy detallado, una serpiente mordiéndose la cola.

SALIMA...25º CAPITULO



Las palabras de Salima retumbaban en sus oídos, había encontrado una aliada para escapar, o también quizá era un señuelo para entregarlo en plena fuga y sí tener excusa para matarlo. Según sus leyes el era un esclavo hasta que el mismo se ganara el respeto de los demás y lo consideraran parte de la tribu. Eso no estaba en sus pensamientos, quería escapar y volver con Elizabeth. Solo recordarla hizo que comenzara un plan de escape. Pero debería ganarse una mínima confianza de ellos para que lo dejaran andar libremente entre las tiendas y los alrededores. Necesitaba un caballo, pero no sabía en que dirección debería partir. Todo esto pensaba fríamente, calculando cual sería su próximo movimiento.
Luego de una noche en la cual apenas durmió, decidió que era tiempo de preguntarle al jefe, porque lo habían llevado y averiguar quien era y que quería Salima de el.
Saliendo de la tienda se encontró con Selim hablando con un grupo de guerreros exploradores, hombres que eran pura fibra muscular, ni un gramo de grasa de más se veía en sus cuerpos. Sus caballos eran lo mejor que tenían, veloces y fuertes, para resistir el calor y las expediciones, ese era el caballo que el necesitaba para su cometido.
Selim al verlo los saluda y le indica que era hora de desayunar, sentados los dos debajo de una palmera, comían dátiles y unas frutas secas que no supo distinguir que eran, pero si deliciosas. Deberemos encontrarte otra ropa, la que llevas la vería el enemigo a la distancia. Como leyendo sus pensamientos agrega, si quisieras escapar y fueras apresado por una tribu enemiga, no te tratarían como nosotros, serías torturado durante días hasta que la muerte sería un dulce pedido que harías entre gritos y sangre.
La mirada de Moreno era avergonzada como un niño que es atrapado en un mal acto.
Los ojos de Selim demostraban confianza y no enemistad. Tu vida ahora pertenece al oasis. Dicho esto se levanta y señala un par de caballos atados en la sombra fresca, esperándolos.
Al acercarse a su caballo observa que en un costado de la montura había un fusil en su funda. Sin decir palabra sube y lo sigue al hombre del desierto que ya había partido al galope. Mientras se cercaba al jinete Moreno saca el arma y al revisa, se encontraba en perfecto estado y con balas, esto lo hizo meditar mucho mientras miraba a su alrededor, solo se podían ver duna tras duna.
Si decidiera escapar, se perdería indefectiblemente en las arenas, muriendo de sed o cayendo en las manos de los enemigos del Sheik.
Luego de varias horas de viaje, llegan a un lugar conocido, el fuerte en el cual transcurrió la batalla. Lo mira asombrado a Selim, que solo sonríe al ver su asombro.
Moreno desmonta rápidamente, quería ver a sus compañeros, sabiendo de antemano que solo serían esqueletos comidos por los animales carroñeros.
Al entrar grande fue su sorpresa al ver muchas tumbas recién cavadas en la arena.
Mis guerreros los enterraron, pelearon valientemente en inferioridad numérica, merecen nuestro respeto y por eso no los dejamos al sol para comida de los buitres.
Una profunda admiración comenzó a nacer en Moreno por ese hombre joven pero con mucha sabiduría.
Tus jefes ya no encuentran importante este destacamento y ha sido abandonado, quizá definitivamente.
Ahora si que se sentía completamente abandonado a su suerte, les había llevado casi un mes llegar hasta ahí, le sería imposible intentar un escape, por eso Selim lo había llevado al fuerte, para que entendiera que cualquier intento de escape, sería su muerte segura.
En silencio volvieron a las tiendas, en el camino, Moreno decide sincerarse y decirle lo que escucho de boca de Salima.
El joven le dice que ya lo sabía, era una trampa para ver si el caía en ella, y el fusil en tu montura lo podrías haber usado para matarme y huir, pero no lo has hecho.
Salima es mi mujer le dice sonriendo.
Dicho esto ya se veía las copas de las palmeras y el agitado mundo del oasis.
Moreno comprende que una nueva vida había empezado en el desierto, cada vez más lejos del faro.
Al llegar el Sheik los esperaba sentado en la arena, lejos de las tiendas, meditando, al verlos llegar, sonríe y le dice a Moreno que hizo bien en no escapar, aquí tendrás amigos, que darán la vida por ti de ser necesario y tú en el futuro velarás por nosotros.
Un calor sube por su pecho, un fuego oculto que nace de las entrañas y que tiene un nombre, pertenencia.

ASAD...26º CAPITULO

Aun le duraba la furia de la tarde anterior. Su corazón acelerado no se calmaba sediento de venganza.
Selim no se decidía atacar la aldea, contaba con pocos hombres, todos valientes, pero escasos. Armando tiendas improvisadas con lo que se salvó del fuego, la gente volvía una vez más a su vida normal, curando heridos, enterrando sus muertos.
Las mujeres se entretenían buscando alimentos para no pensar en los que partieron a la batalla y no regresaron.
Moreno afilaba su espada con tranquilidad, tenía mucho tiempo por delante y mucha paciencia.
La vida en el desierto lo hizo más duro todavía y callado. Solía internarse en el desierto, entre las dunas para pensar tranquilo, sin que nadie del oasis lo moleste.
Ensimismado en sus pensamientos ve acercarse a Selim, en su rostro se notaba tensión, una decisión había tomado y evidentemente no le gustaba mucho.
Mi mujer ha muerto, fue todo lo que el dijo.
Los ojos de Moreno demostraron un cambio enorme, de la pasividad con la que miraba las dunas, se transformaron en dos piedras al rojo vivo, antes verdosos ahora tenían un color parduzco y dejaba traslucir un odio enorme, sin límites ni fin. En una hora partimos con los últimos guerreros a cumplir nuestro destino. Lo saludó con ese gesto tan particular que significa eres mi amigo. Y se fue cabizbajo hacia un grupo de hombres silenciosos que lo esperaban montados y armados, las sonrisas se habían esfumado.
Un momento que pareció eterno estuvo pensando que debía hacer, como tenía que actuar.
Con un suspiro se levanto y se dirigió hacia los guerreros, el suspiro se debía a que cada cosa que hacía lo alejaba más aún de Elizabeth.
Los hombres seguían reunidos, esperándolo a el, su caballo dispuesto y con todas sus armas en la montura, su espada, la espada que el Sheik le había obsequiado demostrando el aprecio que tenía por el joven. Un fusil, que era el mismo que había usado contra ellos, lo había guardado uno de los hombres que lo vio luchar y defenderse en el fuerte para luego devolvérselo a Moreno deseándole que lo use contra su propio enemigo.
Al verlos ahí, esperando sin inmutarse por el calor sobre ellos, pidiéndole con la mirada que los acompañe, que lo necesitaban, porque lo amaban, Moreno grita con todas sus fuerzas, un grito antiguo, milenario, que fue acompañado por todos los guerreros allí reunidos, un alarido, un clamor, un grito de guerra.
Observando la aldea, que sobrepasaba en número de tiendas con las de su oasis, pensaban tranquilamente como atacarían. Moreno debería distraer a un grupo pequeño de unos veinte guerreros que siempre están preparados para salir instantáneamente en pos del enemigo. El y cinco hombres más intentarían alejarlos de la aldea. El resto atacarían a los que quedaban en la aldea que los superaban por casi el doble de hombres. Todos se saludan y despiden, sabiendo que muchos de ellos ese día no volverían con sus familias, pero debían hacerlo, sacrificarse por el bien de su tribu. Esto les producía una valentía enorme, ya que sabiendo que podían morir, les daba una fuerza incalculable porque cada segundo de vida en la batalla era un regalo.
Moreno y su grupo apuntan a un guerrero cada uno para poder producir seis bajas en el primer ataque. Al sonar el primer disparo el resto descarga sus fusiles dejando seis cuerpos tirados en la arena. Gritando victoriosos por el primer golpe parten al galope sabiendo que serían seguidos de inmediato. Mientras galopaban en dirección contraria, Moreno mira a Selim que agazapado detrás de una duna esperaba la partida del grupo de enemigos, para poder realizar su ataque dentro de la aldea. Tenía poco tiempo ya que el resto de los que quedaban se prepararían para salir en ayuda de los que perseguían a Moreno.
Veinticinco eran los perseguidores del muchacho y sus cinco guerreros. Todos se miraron entre si, se podía distinguir un dejo de despedida en sus miradas. No nos van a vencer les dice. Divisan una duna alta, era lo que esperaban. Apenas llegaron desmontaron rápidamente golpeando a los caballos para que sigan la marcha, así los enemigo creían que seguían huyendo. Tenían solo una oportunidad de usar sus fusiles para matar a seis guerreros, confiando en su buena puntería, acostumbrados en ahorrar munición, nunca fallaban en sus disparos.
Cuando el grupo se acerco lo suficiente dispararon todos al mismo tiempo, al disiparse la nube de humo de las armas, ven que el resto de los guerreros habían desmontado, pasando por encima de sus compañeros muertos con los alfanjes en las manos.
La lucha fue corta y sangrienta. Formaron un circulo hacía afuera, nadie los tomaría por la espalda. Los fueron matando, entre gritos de dolor y guerra. Brazos cercenados y cabezas decapitadas y regados por doquier. Moreno los azuzaba con gritos. La valentía de sus hombres no tenía parangón. Los heridos eran rematados en tiempo y forma, como debía ser, por la crueldad y cobardía con la que atacaron ellos a su aldea, sin respetar a los viejos, mujeres y niños. Esto tenía cada uno de ellos en mente cuando el enemigo pedía clemencia. Cuando todo termino, solo quedaba arena y sangre en sus ropas, sangre ajena. Uno de los más jóvenes fue encomendado en ir en busca de sus caballos que había detenido su marcha y esperaban pacientemente unos cientos de metros más adelante. Mientras el resto tomaba agua y comentaban la batalla, era la primera vez en su historia que tan pocos hombre masacraban a tantos enemigos juntos. Todo se lo debían a Moreno, que miraba a lo lejos, en donde se generaba una batalla mucho más grande, sus hermanos sangraban y necesitaban ayuda, solo eso tenía en mente. Luego de descansar un momento, partieron hacia la próxima pelea, con los corazones ardientes por victoria lograda, la cual sería contada por generaciones futuras, como la muestra más grande de valor.
Una nube de polvo marcaba el lugar de la pelea, la gente de la aldea corría lejos de la trifulca, tratando de escapar de la muerte.
Moreno alcanza a ver a Selim sangrando profusamente de varias heridas, acosado por tres enemigos se defendía de todos al mismo tiempo, en su mano derecha un alfanje que los mantenía a distancia y en la otra un cuchillo corvo el cual inflingía una herida fatal al que osara esquivar su espada.
El resto de los hombres luchaban casi en silencio, concentrados en matar y no morir. Algunos se defendían espalda con espalda, para no recibir ninguna estocada por la espalda.
Como una tromba Moreno y sus hombres entran en combate, cada uno se suma al resto de los que ya combatían, incrementando el poder de ataque. Moreno de un salto llega hasta donde Selim se defendía a punta de acero. Con una sonrisa de satisfacción y alegría Selim lo recibe. Contento porque su amigo no estaba muerto y porque ahora podría inclinar la balanza a su favor. Moreno le quita de encima a dos enemigos, equilibrando un poco las cosas. Los dos hombres que separo del grupo retrocedieron un poco al verlo desenfundar su enorme alfanje, tan pesado era que lo usaba con sus dos manos, pero los brazos de Moreno eran tan fuertes y musculosos que podía sostenerla con una salo mano si quería, pero la fuerza en usar las dos era terrible. De un solo movimiento podía partir en dos a una persona y esto era lo que pensaban los enemigos al verlo blandir su espada sedienta de sangre. Temor y respeto le tenían los que lo vieron luchar ese día, sería contada por muchos años la participación del extranjero en esa batalla final. Dirían que el muchacho bañado en sangre y gritando como enloquecido se metía de lleno en el grupo mas numeroso de enemigos, enfurecido, barriendo con todos sin vacilación, uno a uno iban retrocediendo con miedo al verlo de esa manera.
A cada golpe suyo la sangre goteaba de su espada, verlo era como ver al mismo diablo llevándose las almas al infierno.
El grito de Selim herido por un sable y verlo caer, fue demasiado para el. Un grito aterrador, de lo más hondo de su cuerpo nació un temblor, que subió hasta sus brazos, las manos se le pusieron blanco por la tensión al apretar la empuñadura de su espada. Tomó el alfanje de la mano de Selim que estaba caído, protegido por tres de sus hombres. Y solo miró a los guerreros agazapados que gritaban de alegría por haber matado al jefe de Moreno. Su mirada, obscura y profunda, les reveló cual era el destino de cada uno de ellos, su muerte. Empuñando las dos espadas los encaró con una mueca de sonrisa fatal, los guerreros por un momento no supieron que hacer, esa fue su perdición, Moreno aprovechó para atravesar al más cercano y con una estocada, revoleando la otra espada cortó la pierna de una que intento escapar, al caerse lo remato sin siquiera mirarlo de un golpe que casi separó el torso del resto del cuerpo, tal así era su furia. Una risa profunda y grave, casi demoníaca le ofreció al resto de los que quedaban. Aterrorizados, eran los últimos cinco que quedaban en pie, el resto del grupo de ataque los tenían rodeados, no podían escapar, muertos y heridos por todos lados. Moreno mira a sus hombres aún resonando en sus oídos la risa desencajada del muchacho, son míos les dice.
Arroja la espada al más cercano clavándosela en medio del pecho, la cara de sorpresa del hombre fue lo ultimo que pudo demostrar al caer arrodillado, de un golpe corto a otro por el hombro mientras desclavaba la espada del pecho del agonizante y la blandía con fuerza apuntando al resto, mostrándoles la sangre en su hoja, brillante y roja. Una sonrisa de triunfo tenía mientras se acerco a los tres que le hicieron frente.
Luego de destrozar a sus enemigos, clava sus espadas en la arena, se quita el sudor y la sangre que caía de su pelo y parte en dirección a Selim que rodeado de sus hombres les daba indicaciones. Cuando ve acercarse Moreno, sonríe y cierra los ojos para siempre.
Los hombres comienzan a gritar y vitorear al muerto, repetían sin cesar Asad, que significa león.
Como nuevo jefe de la tribu, Moreno dispuso como primera medida puestos de observación alrededor del oasis, nadie nunca más los atacaría desprevenidos. Al morir el sheik, el puesto recaía sobre el jefe del grupo de guerreros y este pasaba el mando al morir al que consideraba más valiente e inteligente para defenderlos. Esta era la indicación que Selim dio a sus hombres antes de morir y el nuevo nombre por el cual sería Moreno reconocido por todos ellos, Asad.

PUERTO...27º CAPITULO

Luego de varios años de pasarla en la aldea, Moreno decidió que ya era hora de partir. Muchos cambios se realizaron, terminaron las luchas por el oasis, ahora eran varias tribus las que convivían en perfecta armonía. Todo esto lo había logrado el con su inteligencia y su capacidad para escuchar y resolver problemas. Pero cansado de la vida del desierto, quería volver al mar, que era su vida y su hogar.
Su tribu no quería que se fuera, siempre le insistieron que formara familia allí, pero el solo tenía una mujer en su mente y quería ir en su busca.
Su caballo cargado de pertrechos, armas y comida. Emprendió el viaje, largo y agotador. Seguro y decidido, conocía cada duna y grano de arena del desierto, aprendió a conocerlo y quererlo.
Cuatro días de viaje llevaba ya, aves carroñeras volaban por encima de el, indicando la proximidad de algún animal muerto, pero al acercarse, el olor característico de la muerte lo puso en alerta, eran hombres los muertos.
El revolver prontamente en su mano, comprobó que el fusil estuviera cargado y el alfanje pronto a desenvainar. Un silbido conocido que paso cerca de el, hizo que tumbara su caballo para no ofrecer una silueta mas fácil de apuntar. Los disparos caían cerca de el levantando un puñado de arena. Calculo que los agresores estarían a unos cien metros. Ajustando la mira de su fusil, apunto durante un momento, sosteniendo el aire para que temblara menos su brazo, eligió a quien creyó sería el jefe por ir adelante y su vestidura ricamente ornamentada y disparó. Un segundo después el hombre se toma el pecho con las manos y cae aparatosamente del caballo. Dos hombres desmontaron para ver que le sucedió, el resto de los jinetes siguieron su camino hacia Moreno. Decidió ahorrar munición y defenderse a punta de espada, no sabía cuantos hombres más podrían venir en contra de el.
Al llegar, se encontraron con un hombre parado, haciéndoles frente con un alfanje en la mano derecha y un cuchillo corvo en la siniestra, sin temor, sus ropas sobrias, pero con un porte que les demostró que estaba acostumbrado a mandar.
Mi nombre es Asad, jefe de la tribu del oasis de las cinco palmeras, ustedes osaron dispararme por la espalda cobardemente, eso lo pagaran con sangre. Dicho esto los atacó directamente sin mediar otra palabra.
Los hombres quedaron desconcertados, desde el momento que dijo su nombre, Asad era un nombre muy temido en el desierto, se contaban innumerables historias sobre el, reales ya que la gente del desierto no necesitaba agrandar los cuentos, la verdad absoluta era más terrible que cualquier cuento que pudieran inventar sobre el.
Uno de los hombres mas aguerrido y con la cara cubierta de cicatrices se rió ostentosamente de el. Moreno detuvo su ataque mirándolo directamente a los ojos, una sonrisa comenzó a nacer en sus labios al mismo tiempo que lanzó su espada enterrándola en el pecho del que reía, como tantas veces lo hizo a lo largo de su vida como guerrero del desierto. La risa del hombre se transformó en un grito ahogado de dolor, no podía respirar y la vida se apagaba lentamente y con mucho dolor. Moreno se acerca, toma la empuñadura de su espada y lentamente la quita, produciendo más dolor aún. Veo que ya no ríes le dice al moribundo con una sonrisa. Le quita el turbante y se pone a limpiar el alfanje ensangrentado tranquilamente sin mirar al resto de los hombres que silenciosos no se atrevían a moverse, menos teniendo enfrente de ellos al temible Asad.
Al terminar de limpiar su acero les dice simplemente que se vayan. Mientras los hombres se alejan en una nube de arena. Moreno recarga su fusil y envaina su espada, el caballo entrenado por el, todavía estaba acostado en la arena esperando que le diera la orden de levantarse.
Al galope sigue su camino, para no darle tiempo que cambien de idea y vuelvan con más hombres para atacarlo. Más adelante se acerca hasta el lugar de donde provenía el olor a putrefacción. Carretas quemadas, esqueletos de caballos y legionarios muertos por todos lados. La visión de los uniformes quemados y agujereados en el suelo, anteriormente llevados con gallardía seguramente por jóvenes como lo fue el, le produjo tristeza más que furia. Aprendió a reconocer que ellos eran los extranjeros en esa tierra. Pero decidió seguir las huellas de los hombres que atacaron esa caravana, al ver que llevaban rehenes.
Dos días completos le llevó encontrar la aldea adonde llevaban las huellas, esa noche el fuego central de la tribu, resaltaba en el cielo estrellado como un faro.
Como una sombra pasa entre las chozas, buscando en cuales estarían los legionarios, hasta que da con la del sheik de ese clan.
El jefe de los beduinos se despierta sobresaltado, enfrente de el, un hombre blanco afilaba suavemente un cuchillo corvo. Tal era la destreza de su trabajo que por un momento lo observó hacerlo. Se incorporó sobre las mantas y antes de poder decir algo, escucha las palabras del hombre ante él. Mi nombre es Asad y quiero los hombres que sobrevivieron al ataque a la caravana, los quiero vivos, de eso depende tu propia supervivencia. El descaro de ese hombre es enorme piensa el sheik, pero sabiendo lo que ocurrió con los hombres que lo enfrentaron días atrás, prefirió hacerle caso. Llamó al guardia que estaba cuidando la entrada de la choza y le pide que traiga los prisioneros, lo mira a Moreno que probaba el filo de su cuchillo en una soga y se retira. El silencio fue roto por el jefe, mi nombre es Jibrîl que en tu lengua significa Gabriel. Un gruñido recibió en respuesta de parte de Moreno.
El guardia entró con los rehenes, dos hombres con el uniforme de la legión, con su cuchillo cortaron las ataduras y le dijo al jefe que prepare tres caballos. Un gesto al guardia y este partió pronto a preparar las monturas.
Moreno desenvaina su enorme alfanje y le dice esta espada me la dio el más valiente de los sheik, juro por su memoria que si nos sigues con tus guerreros, volveré y arrasaré tu aldea sin perdonar mujeres y niños, la fiereza en su mirada demostraba que no mentía. En sus ojos verdes se leían muchas batallas en donde la misericordia no era su fuerte. Un saludo árabe le hizo y salió de la choza con los dos hombres.
Les ordenó que monten y partieron en silencio hacia las dunas, en donde el caballo de Moreno lo esperaba pacientemente.
Mi nombre es Asad, pero para ustedes soy Moreno les dice con una enorme sonrisa, se levanta la manga de su camisa y les muestra el tatuaje, la flama dorada, una daga en llamas, símbolo que solo ostentan los legionarios.
El asombro se leía en sus caras, un grito de triunfo salió de las bocas de aquellos hombres, ¡Legio Patria Nostra!
Un día completo galoparon sin cesar en dirección contraria, descansaron por la noche, mientras Moreno observaba la quietud de la noche, intentando adivinar si eran seguidos por los hombres de Jibrîl. Al ver que nadie los perseguía, se sentó junto a los hombres a comer tranquilo de las reservas que tenía en la montura de su caballo. Los dos hombres cansados se miraban entre ellos, ninguno se atrevía a entablar conversación con el. El mas grande de los dos le dice, soy Antoine y el es Gérard. Pertenecíamos al batallón más adentrado en el desierto, yo era el encargado de entrenarlos en combate, pero fuimos emboscados por la noche, mientras la mayoría dormía, sus ojos cargados de tristeza, seguramente recordando a esos hombres jóvenes que fueron sus hermanos de armas. Gérard era el maestro armero del destacamento. Mirando a Moreno esperando que les cuente que hacía el en el desierto, un legionario tan lejos de sus camaradas.
Mientras tomaban un te fuerte y picante, Moreno les cuenta toda su historia, desde su partida del faro, hasta lo que sucedió le día que los rescató.
Mientras contaba esto se miraba y acariciaba un anillo que tenía en un dedo de su mano izquierda, se lo quita y se lo ofrece a Antoine. Este es uno de los regalos mas preciados que me dio le sheik, una pequeña serpiente mordiéndose la cola, es el símbolo del infinito.
El legionario mira un momento el anillo y se lo pone, como prueba de amistad solo te puedo ofrecer que en donde sea que esté velaré por ti y los tuyos, dando hasta la última gota de sangre por ellos. Dicho esto le pide el cuchillo a Moreno, haciéndose un tajo en la palma de la mano le dice, ofrezco mi sangre en prueba de amistad eterna. Moreno toma el cuchillo cortándose el también, le contesta, tu sangre es aceptada y la mía es ofrecida con el mismo motivo.
Estrechándose las manos, sellaron su amistad y hermandad de sangre y se acuestan a dormir cerca del fuego improvisado.
Las luces del amanecer ilumina a Moreno preparando su caballo. Los hombres se despiertan, preparan una comida rápida y fría. Anduvieron mucho tiempo entre las dunas, cazando y escondiéndose de los guerreros. Pasaron por muchos oasis en donde eran recibidos, el solo hecho de decir su nombre, Moreno recibía innumerables regalos, comida, armas, todo esto por la fama que había traspasado los límites de las dunas.
Así estuvieron por meses, incontables ya, perdieron la cuenta de los días que estuvieron viajando, hasta que un día una brisa con olor a sal les acaricio el rostro, la alegría se pinto en sus cuerpos, los caballos cansados, caminaban más rápido, queriendo salir de esa arena interminable.
Las olas azotaban con fuerza sobre las rocas en la playa, un pescador arreglaba sus redes antes de salir en su bote. Un puerto se divisaba a lo lejos, era el momento de la despedida, Moreno no volvería a la legión, tenía otro horizonte para ver. Al separarse de los hombres que lo acompañaron en la última parte e su viaje, le regaló a Antoine su alfanje que estaba manchado de tantas peleas con un color rojizo, a Gérard le dio su revolver y así sin armas, entro al puerto en busca de un barco que lo llevaría a su destino final.

UN TESORO...28º CAPITULO

Elizabeth se despertó de un sueño, en donde Alana le decía que la esperaba, para decirle finalmente cual era su propósito. En el sueño todo era claro y natural, no tenía miedo, ni preguntas, no las necesitaba. Sentía una paz inmensurable de la cual no quería salir.
Solo había una imagen en su mente, Alana le indicaba con el brazo extendido una dirección, alcanzaba a ver un círculo de piedras grises, viejas semi enterradas en el suelo en donde le era indicado.
Mira a Marina que dormía aún en su cama, el día recién amanecía y las luces de la mañana penetraban suavemente por la ventana.
Mientras se vestía pensaba en su hija, convertida ya en mujer, con todas las ansias de vivir y que ve el mundo, como lo vio su madre. Todas las historias de sus viajes calaron hondo en ella y la convirtieron en quien era. El encanto, la elegancia y el buen gusto eran su marca personal. La amabilidad por la gente extraña necesitada que a veces golpeaban a su puerta, eran recibidos como reyes por la muchacha. La armonía que había en ella resaltaba aún más su belleza física.
Elizabeth pensaba a veces que si su hija sonriera en medio del bosque, los pájaros se acercarían a cantar con ella, y esto, casi era cierto, cuando marina salía al bosque de pequeña, siempre volvía con algún animalito que la seguía sin miedo hasta la cabaña, como si tuviera el don de hablar con los animales del bosque.
Como toda libriana de chiquita tenía una sensibilidad a las necesidades de los demás, interponiéndolos a los de ella misma. Un natural equilibrio parecía rodear a Marina por donde sea que anduviera.
Abrir la puerta y salir de la cabaña fue un esfuerzo enorme y Elizabeth necesitó de todo el amor que sentía por la mujer que dormía abrazada a su almohada para poder ir en pos de su destino.
Instintivamente miro a un costado de la entrada de la cabaña, esperando encontrar a Dago, despierto moviendo su cola de alegría por el paseo matutino que iban a dar, pero solo había un rincón vacío. Mucho tiempo atrás el perro las había dejado, salvando a su hija, su luz.
Caminando sin saber hacia donde se encontraba, a lo lejos se veía una luminosidad entre los árboles. Respiró profundo y se acerco, sabiendo de antemano quien estaría.
Alana, se encontraba en el medio del círculo de piedras de su sueño, con los brazos extendidos hacia ella, en clara muestra de bienvenida.
Te hemos elegido de entre muchas personas que han caminado por nuestros senderos durante milenios. Todo te será revelado y a partir de hoy comenzarás el único camino para el cual fuiste preparada. El libro te sirvió para que aprendas el lenguaje del bosque, entiendas el significado de lo que dicen y para hablar con los animales. El báculo sagrado, fue pasado entre las elegidas desde tiempos antiquísimos y el te servirá de apoyo cuando debas transitar por los caminos nunca antes andados y abrirte paso por las noches. Será tu luz y tu guía.
Tu deber será encontrar las almas perdidas que no tienen cabida en el universo y las llevarás contigo, a lo más profundo del bosque en donde permanecerán hasta el fin de los tiempos, donde serán juzgadas por sus actos.
También buscarás a esos seres que han poblado de amor a cada paso que han dado y aún así, se encuentran solos, aislados del mundo por propia voluntad y porque no encontraron su destino, sin saber, que su destino era convivir con nosotros en el bosque, regando su luz para que los caminantes perdidos puedan encontrar el sendero de vuelta con sus seres amados.
Todo esto te será encomendado, tu propio juicio te llevará a elegir quién deberá partir, ellos mismos llegarán ante ti, porque todo esta escrito, todo esta predicho. Y todos los caminos llegan al mismo punto. Cada acto es medido y observado, esperando pacientemente el momento oportuno para liberarlos o encerrarlos.
Tu fiel compañero Dago te ayudará en las transiciones, el velará por ti y te acompañará en cada una de tus salidas en busca de almas buenas.
Pero Cerberus, el perro negro, será el encargado de protegerte cuando las almas que deban ser encerradas tengas que buscar. Los dos te protegerán fielmente como siempre lo han hecho y vivirán contigo por eones, hasta que llegue el momento en que debas elegir a tu sucesora.
Desde tiempos inmemorables han sido las mujeres quienes tenían el honor de transportar las almas de los caídos, las Valkirias tus predecesoras, escogían a los combatientes que morían en las batallas y los llevaban al Walhalla, en donde permanecerían hasta el ocaso de los dioses.
Siempre nos han tomado como Hadas terrenales, nos ven como los seres etéreos que somos hoy, en lo que nos convertimos luego de centurias y milenios.
Todo esto es lo que deberás hacer y este es tu pasado y tu futuro.
Elizabeth no sabía que decir, cavilaba profundamente con la mirada más allá del círculo de piedras. Las palabras de Alana la golpearon fuertemente, entrecerrando los ojos varias veces, intentando no llorar, porque todo esto, significaba su partida definitiva, debería dejar su hija, para siempre.
Miró sus manos que temblaban, blancas y frías, pero un calor comenzó a subir desde su pecho y asintiendo con la cabeza, aceptó su destino.
Sonriendo, Alana le entregó un amuleto, un pequeño atrapasueños, que debería colgarse al cuello.
En sus sueños aparecerás y así los llevarás al bosque.
Mañana vendrás a mí y comenzará tu vida, una vida nueva, en donde todo será perfecto y en donde tú serás un tesoro.
Un susurro, eso eres, eso fuiste, eso serás.
Diciendo esto Alana, se aleja, perdiéndose en el bosque.

PESADILLA...29º CAPITULO

Se despertó temblando, helado por el sudor que le corría aún por el cuerpo, un ultimo espasmo muscular, le recuerda que solo fue un sueño, de esos que solo se sueñan pocas veces, donde la delgada pared de lo real y de lo que no es real, se funden dejando solamente un puñado de emociones encontradas.
Al darse cuenta que su respiración era agitada, se incorpora en la cama, con ese temor que queda luego de una pesadilla, en donde todo parece fantasmal y enciende la luz de su mesita de noche. Afuera solo se escucha el sonido del viento, un susurro en realidad, entre los árboles.
Al no escuchar ningún otro sonido extraño, se calma, y la sonrisa de culpabilidad se asoma tibiamente en su rostro, como avergonzado por creer que su sueño era real.
Intenta recordar lo que asustó tanto su mente, solo vislumbra un momento y al ir recordando, se le va erizando la piel, sus ojos comienzan a mirar en todas direcciones como queriendo escapar, para no ver, las imágenes que se van sucediendo una tras otra. Se tapa la cara con el cubrecama, que desparramado por el suelo, es testigo mudo de la batalla que libró con las mantas durante su sueño. Los dedos se crispan hasta volverse blancos los nudillos por la fuerza con que estos apretaban las sabanas, la mueca que iba asomándose a su cara, solamente demostraba el pavor total y absoluto que al recordar la pesadilla le producía.
En un intento inútil, cierra los ojos, ahogando un grito de terror con la almohada mojada, la humedad fría y ácida que dejó el sudor del miedo, lo reanima un momento, piensa en escapar, correr lejos, mira hacia la puerta y no duda un instante, salta en un solo moviendo, arrojando lejos, almohada, sabana y cubrecama, ni siquiera piensa en ponerse ropa, no le queda tiempo.
Así, casi desnudo, ciego de terror, puro y desolado, abre la puerta, pensando en correr hacia cualquier lado, solo, espantado. En el instante de traspasar la puerta, todo su miedo se transforma en realidad, sus obscuros sueños se habían cumplido. En la quietud de la noche, sin nubes y con una Luna llena que iluminaba todo con un brillo casi asombroso, podía ver perfectamente dos figuras, que estaban en el camino, entre su cabaña y el bosque, sin moverse, expectantes, esperando el próximo paso de ese hombre atormentado por la fantasía y la realidad.
No puede creer que sea cierto, su sueño, su locura terrenal, estaba ahí. Se siente atontado, mareado y las nauseas de terror suben por su garganta en un grito, que nunca alcanzó a salir al exterior.
La mujer y el perro negro se acercan hasta el, casi podía ver el color de sus ojos de tan cerca que estaban. Sus cabellos eran como hojas muertas en el otoño, que caen casi en cámara lenta desde la copa de los árboles con una pesadez extraña.
La mujer se acerca muy lentamente, en sus manos se leen todas las verdades del universo, todas las historias inconclusas de la tierra, y todas las esperanzas guardadas en el olvido.
En ese mismo instante, el hombre ve su propia historia de vida, todo lo que ha vivido, sufrido y soñado, el mal que ha hecho, pero lo mas terrible, es verse a el mismo, realmente como es, como si fuera un espejo de la verdad, al verse reflejado de esa manera, cae muerto de miedo, con una mueca de terror en sus labios.